sábado, 8 de septiembre de 2018

LA SANTIDAD ES LA OBRA DEL ESPIRITU SANTO por Jacques Philippe


La ilusión general es la de pensar que la santificación es obra del hombre: se trata de trazar un programa de perfección bien claro, y de ponerse manos a la obra con valor y paciencia para llevarlo a cabo de forma progresiva. Y eso es todo.

Desgraciadamente (o afortunadamente) eso no es todo… Es indudable que el valor y la paciencia son necesarios. Pero ciertamente no lo es que la santidad consista en el cumplimiento de un programa de vía que nos fijamos. Por varias razones, dos de ellas las principales a las que nos referimos a continuación.
1 – LA TAREA ES SUPERIOR A NUESTRAS FUERZAS
Es imposible acceder a la santidad por nuestras propias fuerzas. Toda la Escritura nos enseña que sólo puede ser fruto de la gracia de Dios. Jesús nos dice: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15, 15). Y San Pablo: «El querer está en mí, pero no el hacer lo bueno» (Rom 7, 18). Los mismos santos lo atestiguan. Veamos cómo se expresa Grignon de Monfort hablando de esta santificación que es el plan de Dios para nosotros:
«¡Oh, qué obra admirable: el polvo transformador en luz, la suciedad en pureza, el pecado en santidad, la criatura en el Creador y el hombre en Dios! ¡Oh! ¡Obra admirable!, lo repito, pero una obra difícil en sí misma e imposible para la sola naturaleza; solamente Dios, por una gracia y una gracia abundante, puede conseguirlo; y la creación de todo el universo no es una obra maestra tan grande como ésta».
Sean los que sean nuestros esfuerzos, no podemos cambiarnos a nosotros mismos. Sólo Dios puede terminar con nuestros defectos, con nuestras limitaciones en el orden del amor; solamente Él tiene un dominio lo bastante profundo de nuestros corazones para ello. Ser conscientes de esto nos evitará gran número de combates inútiles y de desánimos. No tratemos de hacernos santos por nuestras propias fuerzas, (Por supuesto, eso no quiere decir que no debamos esforzarnos, pero para que nuestros esfuerzos no resulten estériles debemos orientarlos en la buena dirección: no han de ir dirigidos a conseguir la perfección como resultado de ellos, sino a dejar actuar a Dios sin oponer resistencia, para abrirnos lo más plenamente posible a su gracia que nos santifica) sino de encontrar el medio de actuar de modo que Dios nos haga santos.
Esto exige mucha humildad (renunciar a la orgullosa pretensión de lograrlo por nosotros mismos, aceptar nuestras carencias, etc.), pero al mismo tiempo es muy estimulante.
En efecto, si nuestras propias fuerzas tienen límites, no los tienen el poder y el amor de Dios. Y sin duda alguna, podemos conseguir que este poder y este amor acudan en socorro de nuestra debilidad: nos basta aceptarla serenamente y poner sólo en Dios toda nuestra confianza y nuestra esperanza. En el fondo es muy sencillo, pero como todas las cosas sencillas, necesitamos años para comprenderlas y sobre todo para vivirlas.
En cierto modo, el secreto de la santidad radica en descubrir que todo podemos obtenerlo de Dios, a condición de saber cómo recibirlo. Es el secreto de la vía de infancia de Santa Teresa de Lisieux: «Dios tiene un corazón de padre, y podemos obtener infaliblemente lo que necesitamos, si sabemos ganárnoslo por el corazón». 
(Veamos un pasaje de una carta de Teresa que puede ayudarnos a comprender lo que quiere decir: «Quisiera tratar de haceros comprender, por medio de una sencilla comparación, lo mucho que Jesús ama a las almas, incluso a las imperfectas, que confían en Él. Me imagino que un padre tiene dos hijos traviesos y desobedientes, y que al ir a castigarlos, uno de ellos tiembla y se aleja de él con terror, aunque en el fondo de su corazón tiene la sensación de que debe ser castigado: y que su hermano, al contrario, se arroja en brazos de su padre diciéndole que lamenta haberle disgustado, que le quiere, y que, para demostrárselo, en adelante será bueno; después, si este niño pide a su padre que le castigue con un beso, no creo que el corazón del padre pueda resistirse a la confianza filial de su hijo, del que conoce la sinceridad y el cariño. Sin embargo, no ignora que su hijo recaerá en las mismas faltas más de una vez, pero está dispuesto a perdonarles siempre, si sigue ganándoselo por el corazón.)
Creo que la idea de que todo puede conseguirse de Dios, la ha encontrado Teresa en el que ha sido casi su único maestro, san Juan de la Cruz. Esto es lo que nos dice este último en su Cántico Espiritual:
«Grande es el poder y la porfía del amor, pues al mismo Dios prenda y liga. Dichosa el alma que ama, pues tiene a Dios por prisionero rendido a todo lo que ella quisiere, porque tiene tal condición, que, si le llevan por amor y por bien, le harán hacer cuanto quisieren».
Esta frase audaz sobre el poder que pueden tener nuestro amor y nuestra confianza sobre el corazón de Dios comporta una hermosa y profunda verdad.
El mismo san Juan de la Cruz lo expresa en otros términos: «Lo que mueve y vence es una esperanza porfiada». Y también:
«…se agrada tanto el Amado del alma, que es verdad decir que tanto alcanza de él cuando ella de él espera».
La santidad no es un programa de vida, sino algo que se obtiene de Dios; incluso existen unos medios infalibles para obtenerla, pero la cuestión está en entender cuáles son… Todos tenemos la posibilidad de llegar a ser santos, simplemente porque Dios se deja vencer por la confianza que ponemos en Él. Lo que diremos a continuación, tiene como objeto situarnos es este buen camino…
Jacques Philippe

miércoles, 5 de septiembre de 2018

Explicar el Universo mediante el azar no es razonable ni para algunos físicos ateos, dice un experto

Jean Staune muestra el cambio en la actitud de muchos científicos, incluso ateos, que se abren a explicaciones finalistas y no casuales para explicar el Universo.





https://www.religionenlibertad.com/ciencia_y_fe/523048410/staune-azar-explicacion-universo-racional-fisicos-ateos.html


lunes, 3 de septiembre de 2018

EL DESCANSO EN EL ESPIRITU



por el Padre CEFERINO SANTOS; S.J.


1.1. El hecho.
Con alguna frecuencia se viene dando en retiros de sanación, en oraciones de intercesión o de liberación, tras la unción de los enfermos con aceite bendecido, o tras la imposición de manos sobre aquellos por quienes se ora, el fenómeno llamado por algunos “descanso en el Espíritu”.
Otros prefieren traducir el inglés “being slain in the Spirit”, como “fulminación en el Espíritu”, “dormición en el Espíritu” o quedar abrumado por el amor y la presencia de Dios, o tener silencio en el Espíritu y reposo en El.
1.2. Definición.
El verdadero descanso del Espíritu es un don carismático, otorgado a uno o a varios para trasmitir a otros una cierta protección de Dios, con lo que se alimentan la fe, la paz interior, la inteligencia de las enseñanzas recibidas y se facilita la práctica de la vida cristiana, al suprimirse bloqueos o resistencias mas o menos conscientes a la acción del Señor, lo cual a veces se expresa o se visualiza con un rendimiento ante Dios que conlleva la pérdida pasajera del equilibrio corporal, deslizándose suavemente hacia el suelo o sobre el asiento que se ocupa, con una cesación pasajera del movimiento corporal y local.
1.3. Explicaciones.
Dado que existen en la práctica pastoral y en la teoría dudas, equivocaciones y hasta errores en torno a este fenómeno del ” descanso del Espíritu “, puede resultar útil y conveniente hacer algunas aclaraciones al respecto.
(A) El descanso pertenece al carisma de sanación es un toque directo a los sentidos internos de la imaginación y de la memoria, con una llenumbre de la presencia de Dios, de su amor y de su paz, de modo que a veces, el cuerpo queda alcanzado y como inmovilizado por un tiempo, y Dios sana interna o externamente y libera a veces.
(B) Uno puede resistirse a este fenómeno de sanación, por sentirse asustado ante él, pero entonces no suelen seguirse en el que se ha resistido los frutos de paz y de oración mas recogida, y suelen quedar en él rastros nuevos de turbación o de inquietud. Algunos, que no se resisten a este don, tras la oración y la imposición de manos, se sienten caer suavemente hacia el suelo, si están de pie o de rodillas, o se quedan como relajadamente inmóviles sobre su asiento los que estaban sentados. Este fenómeno suele ser pasajero y breve.
(C) El aspecto principal del descanso en el Espíritu, es la fuerte presencia sanadora del Dios viviente, que purifica, libra de dificultades y bloqueos interiores a su acción fortalece el alma para sobrellevar el peso del compromiso cristiano de un modo renovado. El que Dios llene la memoria y la imaginación de su presencia, de su amor de su sanación no presenta dificultades en la renovación Carismática ni fuera de ella.
(D) El punto controvertido y discutible en el descanso en el Espíritu es ese sentirse anonadado por el peso del amor de Dios con el fenómeno espectacular de la caída suave del cuerpo hacia atrás o hacia adelante, hasta que el don se haya pasado. Cuando el descanso en el Espíritu es verdadero, la caída del cuerpo es como una señal externa de un nuevo rendimiento al Señorío de Cristo y de una nueva aceptación del amor y la voluntad de Dios sin resistencias..
(E) En el descanso en el Espíritu la persona sigue teniendo control pleno de su entendimiento y de su voluntad. El entendimiento sigue libre para orar con la atención más concentrada en Dios. Otros efectos, como la extinción de traumas, de bloqueos o cargas interiores , la iluminación espiritual o la sanación, dependen de las necesidades individuales del que recibe este don.
(F) El verdadero descanso en el Espíritu, 1)- facilita la oración en tanto cuanto toca los sentidos internos dispersos y los unifica, 2)- facilita el sentido profundo de la presencia y del amor de Dios. (G) Estos dos efectos internos pueden darse sin el hecho exterior concomitante de la caída al suelo de la caída al suelo por el impulso poderoso y abrumador del amor de Dios.
(H) Hay personas que creen erróneamente que caen al suelo porque han sido empujadas por el que les impone las manos. De hecho es el amor abrumador de Dios el que empuja y vence poderosamente obstáculos en personas que evitan aparecer como poco naturales. 1.4. El poder de descansar en el Espíritu. Es el problema mas vidrioso de este don, que el Señor concede a algunos en los grupos de intercesión. (1) El don parece en sí válido por sus efectos buenos: paz, presencia de Dios, más facilidad para orar, sanación de traumas y resistencias a Dios, liberación de opresiones.(2) El descanso en el Espíritu no es expresamente una oración de quietud con su experiencia directa del amor de Dios, que aquí se experimenta con amor sanador más directamente que como don de oración contemplativa.
(3) Tampoco se trata de un fenómeno natural de hipnosis, donde la voluntad queda casi totalmente suspendida y sometida al hipnotizador, donde la conciencia se entorpece y la memoria de la actividad desarrollada en hipnosis se pierde al volver en sí. A veces esta alienación transitoria de la voluntad transitoria de la voluntad del hipnotizado resulta seriamente peligrosa. Nada de esto sucede en el descanso en el Espíritu: la voluntad y el entendimiento se mantienen despiertos y activos, sin someterse a nadie más que a Dios.
(4) Tampoco ha de confundirse el descanso en el Espíritu con un posible influjo diabólico, que emboba las potencias del hombre y obscurece, turba y debilita espiritualmente el alma y lleva al que lo padece a buscar sitios concurridos para llamar la atención de otros y distraerlos de su oración o de la sanación interior en curso. Este influjo diabólico deja gran turbación, depresiones y falta de paz en el que lo ha recibido.
(5) Ha habido abusos por parte de personas que por su debilidad psicológica o por ganas de atraer hacia ellas la atención simularon el descanso en el Espíritu. Los efectos posteriores de tristeza, depresión, angustia, oscuridad espiritual, insatisfacción y falta de paz, declararon la falsificación de un don carismático.
(6) Se necesita, por tanto, enseñanza sana, discernimiento y guía espiritual recta durante este ministerio de sanación por el descanso en el Espíritu y después de el. No conviene despertar al que está en el descanso en el Espíritu, no se le turbe tras él con preguntas agobiantes e indiscretas; no se le obligue a dar paseos para despejarse, etc.; al que tuvo el descanso déjesele tranquilo por un rato largo para que el don de Dios produzca sus efectos buenos sin interferencias humanas. En el falso descanso, despiértese al paciente.
(7) No se haga del descanso en el espíritu el don central del ministerio de sanación. La sanación viene de la presencia de Jesús sanador y Salvador y del poder de su Espíritu aceptado desde la fe.
(8) Tampoco se caiga en el otro extremo de denunciar este don como algo ajeno a la Renovación Carismática y como una novedad de la Iglesia. Se trata de un fenómeno conocido en la historia de la Iglesia.
En el proceso de canonización de Santa Clara, Sor Bienvenida de Perusa declara bajo juramento una sanación en la que el Señor utiliza a Santa Clara y aparece el descanso en el Espíritu. Declaró también la testigo que, habiendo que habiendo caído en demencia un fraile de la Orden de los Menores, que se llamaba Fray Esteban, San Francisco le mandó al Monasterio de San Damián, para que la Santa hiciera sobre él la señal de la Cruz. Hecho esto, el fraile quedó adormecido un poco de tiempo en el lugar donde la Santa Madre solía hacer la oración, y cuando se despertó, tomó alimento y se marchó curado. (Cf. OMAECHEVERRIA, Ignacio: Escritos de Santa Clara y documentos contemporáneos. Madrid, BAC, 1970, pág. 70.)
(9) En el descanso en el Espíritu la mente está más clara para acoger a Dios; no es por tanto un desmayo donde la inteligencia se nubla o se pierde temporalmente. El descanso en el Espíritu( fenómeno de sanación) nada tiene que ver con la caída al suelo en una crisis epiléptica (enfermedad con pérdida de sentido, espumarajos, estremecimientos, cf. Mc. 9.18: ” lo derriba al suelo le hace echar espumarajos y rechinar los dientes”). Este mismo niño del Evangelio de San Marcos, cuando recibe la curación fisiológica de su epilepsia, la psicológica de sus desmayos y la espiritual, liberado de aquel espíritu malo que le arrastraba hacia el fuego o hacia el agua para destruirlo, queda en una especie de descanso en el Espíritu (Mc.9.26: ” el muchacho quedó curado como muerto”), pero enseguida Cristo lo levantó y estaba sano.
(10) El descanso en el Espíritu es diferente del éxtasis sobrenatural, donde la mente queda absorbida en Dios y elevada para conocer sus misterios, con cesación del ejercicio de los sentidos exteriores. San Pablo nos recuerda este don de oración más propio de almas perfectas, cuando nos dice que subió arrebatado hasta el tercer cielo en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, y oyó palabras arcanas que el hombre no puede pronunciar. (2 Cor.12, 2-4). El mismo San Pablo cuando se convierte a Cristo, recibe una especie de descanso en el Espíritu, como don de principiantes; y cae en tierra de su caballo sin hacerse daño (Hch.9.4; Pablo cayó en tierra y oyó una voz que le decía: “Saulo, Saulo, ¿porqué me persigues?”). El descanso en el Espíritu es un don más propio de principiantes.
1.5. Conclusión. Estemos abiertos para acoger los dones de Dios y aceptemos la invitación de Dios a entrar en su descanso para reposar de los trabajos (Heb.4.10), sin esperar sólo el descanso definitivo y celestial. También en su vida mortal, Jesús invitó a sus discípulos a un lugar retirado a descansar por un rato (Mc.6.30). Hoy también sigue haciéndolo con nosotros.
Preguntas y respuestas de la puesta en común sobre el descanso en el Espíritu.
2.1. El poder de descansar a alguien en el Espíritu ¿ Porqué se le ha de atribuir a Dios y no más bien al poder de la parapsicológico o magnético del que ora?.
R.- De hecho, los fenómenos externos del descanso del espíritu podrían ser producidos por una facultad ” psi-kappa ” con posibles efectos de ” psicokinesia ” sobre un organismo humano, pero no se daría un verdadero descanso en el Espíritu que viene de Dios, con efectos espirituales de paz y de crecimiento en la fe y en el amor; sino, más bien, un sometimiento al manipulador o parasicólogo y a sus fuerzas psíquicas o magnéticas. Aunque los fenómenos externos de debilitamiento corporal y subsiguiente caída al suelo se produjesen, no se daría los efectos espirituales de liberaciones de opresiones y bloqueos (v.g. incapacidad de amar a otros, sanación del rechazo de personas concretas, crecimiento en la fe y en en amor de Dios, etc.)
La dormición de uno por poderes magnéticos no es descanso en el Espíritu, en el que uno queda sometido y abrumado por el poder sanador de Dios, sino sometimiento servil y no liberador a poderes parapsicológicos y al que los utiliza. Cabría la posibilidad de que los poderes parapsicológicos ” psi-kappa” fuesen utilizados, sometidos plenamente a Dios y como sacramentalizados por El, para producir efectos espirituales. Pero, aun en este caso, no planteado en la pregunta, Dios sería el agente principal y a El se deberían los efectos espirituales buenos con prioridad plena sobre el instrumento sometido a El, esto es las fuerzas parapsicológicas, elevadas de alguna manera por la acción principal de Dios. En todo caso, siempre es indispensable el discernimiento del comienzo, el medio, el fin y los efectos del descanso para saber si éste se debe a la acción del Espíritu de Dios o es atribuible a otros poderes.
2.2. El descanso en el Espíritu ¿ no se podría explicar naturalmente como un fenómeno cataléptico?
R.- Más bien en la catalepsia se pierde la sensibilidad externa con suspensión de las sensaciones y movimientos libres, a la vez que se dan alteraciones y reflejos de tipo histérico y patológico. En el auténtico descanso en el Espíritu se conserva un grado apreciable de sensibilidad externa, se da paz espiritual posteriormente al reposo, se producen efectos de sanación interior y, a veces física, y también frutos de maduración y construcción de la personalidad cristiana equilibrada, y no secuelas de debilitación patológica de la personalidad como en la catalepsia. Cuando se dan fenómenos histéricos de agitación nerviosa, sofocaciones, gritos y desequilibrio no se trata del descanso en el Espíritu, que produce paz en el que recibe el descanso y en otros que lo ven; sino más bien nos hallamos ante productos naturales de personalidades psicológicas inestables e influenciadas por una personalidad fuerte o por un ambiente propicio al entusiasmo religioso.
No obstante, conviene notar para un descernimiento recto que la gracia religiosa verdadera se acomoda a la naturaleza del que la recibe. Cuando se trata de una gracia religiosa fuerte que llega al poco equilibrado psíquicamente o al que necesita conversión y liberación, los efectos externos de gritos, convulsiones vueltas por el suelo pueden significar también el choque que se produce entre las fuerzas salvíficas positivas que vienen de Dios y las fuerzas negativas del pecado, del influjo diabólico y del desequilibrio psicológico del que recibe la gracia fuerte de Dios. En la predicación de John Wesley, el fundador del metodismo en el siglo XVIII, estos fenómenos eran frecuentes, pero más que un descanso en el Espíritu deberían ser llamadas, turbaciones en el Espíritu en una predicación de conversión y reavivamiento espiritual. El que estos fenómenos tengan un componente fuerte somático y psíquico no quiere decir que sean solo fenómenos naturales o patológicos. También en la vida mística de los santos de la Iglesia, en los éxtasis, arrobamientos, levitaciones y otros fenómenos reconocidos en la Iglesia, se daban extraños efectos, en el orden somático y psíquico sin excluir por eso la acción sobrenatural de las gracias místicas.
2.3. ¿ No será el descanso en el Espíritu un hecho natural, propio de la psicología de masas, donde se produce una sugestión colectiva y un contagio por emocionalismo, sin necesidad de invocar para nada al Espíritu de Dios ?.
R.- El descanso en el Espíritu se da mucho en la oración privada por una persona, sin contagio colectivo de masas. Más que de contagio natural, propio de una psicología de masas influenciables, habría de hablarse en las asambleas, donde se da el reposo en el Espíritu, de un don eclesial de sanación, propio de un nuevo Pentecostés colectivo y maduro con frutos de conversión y transformaciones espirituales, que no se logran en otros fenómenos colectivos de masas, movidas sólo por entusiasmos humanos. La sugestión colectiva en estos casos no produce frutos espirituales como sucede en el descanso en el Espíritu. El emocionalismo, sometido a Dios y a sus mociones, no es malo en sí. Se dio en grandes santos y místicos. Dios no actúa sólo en el entendimiento del místico, sino en toda su persona y en su sugestibilidad sometida a Dios y a la fe.
2.4. ¿ Es verdad que el descanso es de Dios cuando uno cae hacia atrás; pero que si uno no cae hacia atrás, sino hacia adelante, que ese descanso no es de Dios? (Risas de algunos).
R.- Bien; el signo de discernimiento del descanso auténtico no es el de caer hacia adelante o hacia atrás, sino la presencia operativa de Dios en el alma, que se conoce por la sanación y los frutos buenos de paz, fe y amor que se producen. En el Huerto de los Olivos, algunos de los soldados que venían a prender a Cristo, al oír de sus labios el ” YO SOY “, retrocedieron hacia atrás y cayeron al suelo de espaldas (Jn !8, 5). Sólo porque cayeran hacia atrás, no nos costa el que tuviesen verdadero descanso en el Espíritu. (Risas). Pudo tratarse de un signo para mostrar que el poder de Cristo es superior al poder de los hombres. Bien es verdad que Ana Catalina Emmerick, monja agustina estigmatizada, que fallece el 1824, nos dice en sus escritos de la Pasión que el Señor le manifestó que aquellos soldados que cayeron de espaldas, se levantaron del suelo convertidos.
Entonces se habría dado un descanso en el Espíritu con frutos de conversión en aquellos soldados caídos al suelo a la voz de Cristo. En este caso al caer de espaldas sería de Dios. Pero es que también al caer de bruces, hacia adelante, en algunas ocasiones es de Dios. Recordad el caso del profeta Daniel. Dios le ha abrumado con su presencia poderosa y cae de bruces en un letargo con el rostro a tierra (Dan.10,9). Cuando quiere ponerse en pie, no puede y adopta la ridícula postura de querer andar a cuatro patas (Dan. 10,11); y la palabra de Dios nos lo cuenta sin miedo a los discernidores prudentes y sensatos dictaminen que este descanso en el Espíritu del profeta Daniel no es de Dios ni favorece el prestigio social y religioso del vidente ni se puede juzgar con sensatez que este sea un camino razonable y prudente para nadie. En Daniel 10,15, Dios vuelve a hablar con el profeta y éste vuelve a caer de bruces, hacia adelante.
Y Dios está actuando. Cuando por la fuerza poderosa del Dios presente, las fuerzas corporales abandonan a Daniel temporalmente, el profeta cae hacia adelante. La dirección de la caída corporal no tiene excesiva importancia en un discernimiento espiritual, si la tiene en cambio, el que el impulso que provoca la caída provenga de la poderosa y avasallante presencia del Dios vivo.
2.5. El descanso en el Espíritu me recuerda algunas prácticas iluministas, y, por tanto, debería ser rechazado en la Renovación Carismática Católica por fidelidad al Iglesia que condenó el iluminismo en todas sus formas.
R.- En la Renovación Carismática los que saben que es el iluminismo también lo condenan con la Iglesia, pero se niegan a llamar iluminismo a lo que no es, como nadie llamaría a automóvil a un chalet porque su dueño tuviese el dudoso gusto de ponerle la matrícula de su coche viejo en la puerta. Tampoco nosotros podemos poner apresuradamente la matrícula de iluminismo al descanso en el Espíritu y creer que sólo por eso es iluminista. ¿ Con que aspecto reprobable del iluminismo podríamos identificar el descanso en el Espíritu?. Acaso ¿con la pasividad del alma iluminada que ya no tiene que orar ni hacer penitencia, sino sólo permanecer como un cuerpo exánime?. En el reposo en el Espíritu la voluntad y la mente permanecen activas en Dios. El reposo afecta al cuerpo y a los sentidos interiores sólo que después libremente se ha aceptado el descanso en el Espíritu. Este nos afecta sólo temporalmente.
En él y después de él se ora y el alma habla con Dios. En cambio, en el iluminismo, se supone que el alma no ora ni actúa, como tampoco actúan la voluntad y la mente. Actúan, si, Dios y el demonio, según los iluministas, pero no ellos que pueden cometer las mayores aberraciones sexuales porque no son ellos los que actúan, sino el maligno. El reposo iluminista del cuerpo tampoco tiene nada que ver con el descanso del cuerpo en el Espíritu, que es solo transitorio. El descanso y pasividad del cuerpo en el iluminista es continuo en los “perfectos”; los desórdenes sexuales o emocionales en su cuerpo no son suyos sino de los agentes exteriores que lo manipulan. Ellos viven en la pasividad y el reposo que los hace impecables.
Ningún carismático dice nada de esto; tras el descanso en el Espíritu uno siente crecimiento espiritual, pero no es impecable; el hombre conserva la voluntariedad y la deliberación en sus acciones libres. Pegar la etiqueta sospechosa de iluminismo al reposo en el Espíritu es una acción del “padre de la mentira” (Jn. 8,44) y de la confusión, y un pecado contra la verdad, contra la justicia y contra la caridad. No se puede poner la etiqueta de “veneno” en las medicinas y alimentos sanos, que Dios regala a su Iglesia hoy. Pido al Señor Jesús que nos ilumine a todos con su Espíritu de verdad, de ciencia y de discernimiento para conocer sus done y recibirlos con agradecimiento y para rechazar lo que no venga de Dios, de modo que siempre le glorifiquemos en nuestras vidas. ¡ GLORIA AL Señor!
El P. Ceferino Santos, S.J., falleció en octubre de 2007 después de muchos años de fiel servicio a la Renovación Carismática Católica. Dirigió la Revista Nuevo Pentecostés.

domingo, 2 de septiembre de 2018

"El Acusador de nuestros hermanos"


En el libro del Apocalipsis, el Demonio es también llamado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba ante Dios día y noche (Ap 12, 10). Con razón. «Satán» significa «fiscal». Y, en el libro de Job, Satanás tiene un puesto en la corte de Dios: precisamente, el del fiscal, el encargado de acusar a los hijos del Altísimo.
El acusador basa su alegato en hechos reales. Recoge cuanto encuentra de reprobable en el acusado, y se lo lanza a la cara a él y al juez. Pero quien sólo escuchase al fiscal recibiría una versión sesgada, y, por lo tanto, falsa, de la realidad. Es preciso escuchar también al abogado si se quiere conocer la verdad completa.
Cuando los medios de comunicación tan solo se refieren a la Iglesia para mostrar los terribles pecados de algunos sacerdotes, y lo hacen de manera insistente y reiterativa, esos medios de comunicación están realizando la labor del fiscal (¿cómo no ver detrás de esas campañas al «Acusador de nuestros hermanos»?). Dicen la verdad, porque los hechos que destacan en sus titulares son ciertos. Pero mienten, porque ofrecen una imagen sesgada de la Iglesia, como si, para mostrar mi casa, alguien se limitara a fotografiar el cubo de basura.
La Iglesia es mucho más que su cubo de basura. En la Iglesia hay miles y miles de hombres y mujeres que dan la vida generosamente por Dios y por sus hermanos. Religiosos y religiosas, sacerdotes y seglares, que, llenos de amor a Dios y al prójimo, entregan cuanto tienen sin esperar nada a cambio. En más de veintitrés años de sacerdocio, jamás he conocido un caso de pederastia o de abusos sexuales por parte de ningún sacerdote de mi entorno. A gran parte de quienes ahora leen estas líneas les sucederá lo mismo. No negamos que haya sucedido lo que está saliendo a la luz; pero debemos gritar que eso, ni es toda la verdad, ni es un fiel reflejo de la Iglesia que conocemos.
Cuando se culpa a la institución del celibato de semejantes crímenes, es preciso responder que quienes los han cometido no han sido, precisamente, personas que viviesen el celibato, sino hombres que han traicionado al celibato. La solución es la contraria: necesitamos sacerdotes que amen el celibato, que lo vivan gozosamente, y que, por eso mismo, sean hombres íntegros, dueños de sus pasiones y entregados a Dios y al prójimo con generosidad.
Bien está pedir perdón por lo que ha sucedido. Pero si toda nuestra respuesta se limita a avergonzarnos y pedir perdón, le acabaremos haciendo el juego al Acusador. Es preciso dar un paso más, y dejar hablar al abogado. Es necesario que hablemos de la Iglesia que conocemos cada uno: la que atiende a nuestros pobres, la que perdona nuestros pecados, la que catequiza a nuestros hijos. Es urgente que se hable, a grandes voces, de los sacerdotes que pasan horas en el confesonario, de los clérigos que viven entregados a sus feligreses, de los religiosos y religiosas que brillan por su pureza y alegría. Si no sale a la luz la belleza de la Iglesia (y esa belleza existe, vaya si existe), estaremos participando, nosotros también, en una mentira.
Junto a ello, el mejor desagravio: una campaña en favor de la santa pureza, un esfuerzo decidido de cada cristiano por borrar, con la limpieza de su castidad, la mancha repugnante con la que los lujuriosos han empañado el brillo de la Iglesia de Cristo.

José-Fernando Rey Ballesteros, pbro

Texto tomado de: http://www.jfernandorey.com/blog/el-acusador-de-nuestros-hemanos/

sábado, 1 de septiembre de 2018

Sabias que.... NO ir a misa ...




No celebrar la Eucaristía del domingo o día de precepto (siempre que no haya enfermedad, imposibilidad física real o cuidado de un enfermo) es pecado mortal, no venial; y nos lo recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica en el numeral 2181, además va en contra del tercer mandamiento “Santificarás las fiestas” y especialmente del primero “Amarás a Dios sobre todas las cosas”.

El Papa Francisco señala: La celebración de la Eucaristía dominical da sentido a toda la semana y nos recuerda también, con el descanso de nuestras ocupaciones, que no somos esclavos sino hijos de un Padre que nos invita constantemente a poner la esperanza en Él.

Tomado de @Comunicadoraseucaristicas

miércoles, 29 de agosto de 2018

Diferencias Básicas entre la biblia católica y la biblia protestante

El presente artículo ha sido tomado de la pagina de Facebook: 
Misioneros de Jesus Sps

1. La Biblia protestante tiene 66 libros, mientras la católica tiene 73. (Ellos no aceptanlos libros de Judit, Tobías, Eclesiastico, Sabiduría, Macabeos I, Macabeos II y Baruc)
2. La Biblia protestante llama a Dios en el Antiguo Testamento Jehová, mientras la Católica lo llama Yahvéh. (YHWH)
3. La biblia protestante no tiene citas o referencias que explican o dan a entender mejor, algunos pasajes biblicos.
4. La biblia protestante no tiene al principio la aprobación de algún obispo, mientras la Católica si.
RESPUESTAS:
1. Las biblias protestantes les faltan 7 libros, ya que Martín Lutero se los quitó. Quiso tambien quitar el Apocalipsis y Santiago pero no tuvo éxito.
2. Lo correcto es YHWH, reconocido incluso por teólogos modernos hebreos. "Jehová" es un término incorrecto o deformado, originado de la unión de YHWH y Adonay. (o Edonay)
3. Las biblias protestantes no tienen referencias o comentarios simplemente porque ellos carecen del Magisterio de la Iglesia (Papa y Obispos) quienes aseguran la correcta interpretación de las escrituras ya que son los legitimos sucesores de los apostoles. Los protestantes afirman que cada quien puede entender la Biblia según sea iluminado. Por eso hay miles de intepretaciones diferentes entre ellos mismos.
4. La Biblia más correcta para ser leída es la Católica, puesto que es la más completa, ya que no carece todo lo que la Protestante le hace falta, tales como los 7 libros restantes, las referencias bíblicas, el nombre de Yahvéh y la autorización de un obispo. De allí en fuera, ambas Biblias son buenas y se pueden leer.
HISTORIA:
La Biblia fue copilada por la Iglesia Católica y traducida, capitulada y versiculada por San Jerónimo durante 40 años de su vida, pasaron más de 30 años antes de que el Nuevo Testamento fuera aprobado tal como está, en los Concilios de Cartago 393 y el de Hipona 397.
¿Cómo pudo conservarse la doctrina de Cristo? A través de la Tradición, esa misma que rechazan los protestantes, quienes sin estudio alguno no se dan cuenta, que si tienen una Biblia en sus manos, es gracias a la Iglesia Católica, 1500 años despúes de fundada la Iglesia Católica por Jesús. (Mt 16,17)
Un ex-sacerdote católico agustino, de nombre Martín Lutero, traduciendo la biblia al alemán, no estuvo de acuerdo con 95 puntos de la Iglesia, e hizo los cambios que el consideró debían hacerse, esto marcó un cisma en la iglesia Católica. El lector de Sajonia, Federico lll y varios príncipes alemanes vieron en la protesta de Lutero el motivo ideal de dejar de pagar el tributo a Roma y pactaron con él apoyarlo con su nueva versión de la Biblia, y así se provocó el cisma y nació el Protestantismo, con una biblia distorsionada y mutilada, ya que se quitaron los 7 libros deuterocanónicos y eso que Jesus dijo: "Ay de aquél que cambie una sola coma o interprete la doctrina a su saber y entender"
Amén

miércoles, 16 de mayo de 2018